‘Palabra y corazón’

‘Regreso’ de Victoriano Crémer

Ya me tienes en ti de nuevo,
acaso nunca pude alejarme de estos muros vivísimos
que, abiertos siempre,
tienen largos brazos de aurora o de agonía.
Aquí contemplo vida,
me hago llama de esta hoguera de manos
que levanta sus negras lenguas a lo alto,
siento que soy un hombre más entre los hombres,
y un vestido de angustias me abandona sencillamente,
así la noche deja desnuda el alba y libre,
aunque con frío,
cuando lejanos sones la presienten,
frío tengo en el alma,
pero canto,
ahora que estoy aquí de nuevo
y veo tanto gozo y dolor,
tanta miseria
y tan clara esperanza compartida. 

 

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‘Para Mateo’ de Mario Pardo Segovia

I

De tanto amor y días infinitos,
de calles empedradas
y cuestas que llevan
a la ternura de unos abuelos.

De frescas noches de verano,
con olor a camino de polvo
y campos segados que miraban
estrellas que todavía llevan su luz
a los días que han de venir.

De otoños e inviernos,
fuegos y cuentos,
y palabras que no decían nada
y lo decían todo
de un mundo mágico
de cencerros y rosetas,
de ascuas y tenazas
en noches que llegaban siempre pronto.

De colinas dulces,
que mes a mes ofrecían colores nuevos
y cantos de gallos.
Higueras generosas,
y animales en los establos.

De lunas nómadas de septiembre,
donde nací la primera vez,
y la soledad de la cal
de las calles de mi niñez.

De los dulces y los brazos,
de las piedras y el barro
del olor a leche cuajada
y cajones que no se abrieron en años.

De las malvarrosas
y la hiedra que parecía interminable.
Del hielo de enero en las piletas
y de los nidos de golondrinas
bajo aguaceros que vi caer
desde el postigo de una puerta
(aunque nunca fueron suficientes)
pero trajeron el rojo de tantas amapolas.

De las manos de mi padre
y el abrigo de mi madre
o las voces de mis hermanos.

De atardeceres frenados por un puente
y las casas olvidadas que eran castillos,
que volvieron a ser olvidados
a medida que me fui haciendo grande
lejos de todo aquello.

De otras calles y palabras
que se convirtieron en letras.
Y placetas conquistadas por otros niños
que también se harán mayores.

De todos esos sitios vienes tú,
hijo mío.

II

Y también del perfume de los calicantos,
y la perfecta geometría de las caracolas.
Y de horizontes con colinas y castillos
y nieblas y árboles que habitan la llanura Emiliana.

Y de las piedras que sostienen los puentes
y de las dudas hechas cimientos
y de las líneas imaginarias que unen las constelaciones
y de las ecuaciones que explican las espirales
y del color de las mimosas
y de las páginas por pasar y doblar
y de los pasos que dieron nuestras manos
y de las palabras que nos sanaron.

Y del sabor a café y ciruela
y del orden por desordenar.
Y de piedras con forma de corazón,
y hombros como almohadas
para el sabor fresco de las angurias.

Y de la música, que ya te acompañaba
y del silencio que será tu refugio
y del mundo, nuestro mundo,
del que tu ahora sabes más que nosotros.

III

Hacia ese mundo nos llevas,
haciendo el horizonte un poco más infinito.
En ese mundo encontrarás
donde ser y vivir.
Donde buscar y encontrar.
Donde caer y levantarte.
Donde llenar de sentido tu voz y tus palabras.
Donde compartir tu vida
y donde encontrar el silencio en el ruido.

Por eso, sé generoso en tu vida,
y ama,
que quien no ama
no entiende,
ni sueña,
ni cambia,
ni perdona,
ni olvida,
ni recibe,
ni aprende,
ni es.

Y vive,
vive intensamente
ni más ni menos que a la medida de un hombre
vive dando un sentido personal a tu libertad
y vive reconociendo la alegría
y aprendiendo del dolor
y siendo siempre consciente de la vida
para que llegado el momento,
sabiéndote feliz
puedas decirte a ti mismo
que has vivido.

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© Mario Pardo Segovia

 

 

Motheroot by Marilou Awiakta

Creation often
needs two hearts
one to root
and one to flower
One to sustain
in times of drouth
and hold fast
against winds of pain
the fragile bloom
that in the glory
of its hour
affirms a heart
unsung, unseen

……….

Lo creado a menudo

necesita dos corazones:

uno para enraizar

y otro para florecer.

Uno para sostener

en tiempo de sequía

y otro para proteger

de los vientos del dolor

a la fragil flor,

que en su hora de gloria

revela un corazón

desconocido, invisible.

……….

La creazione a volte

vuole due cuori.

Uno per fare radici

e per fare fiori.

Uno per nutrire in tempo di siccità

e per sostenere

contro i venti di dolore

il fragile bocciolo

che nella gloria

del suo giorno

dischiude un cuore

non cantato, non visto.

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© Mario Pardo Segovia

 

 

“Ahora” de Arturo Serrano Plaja

Ahora que conozco la humildad de mi vida

como una gota de agua en el caudal del río

y siento mi palabra por amor bendecida

y me ofrece el recuerdo todo cuanto fue mío,

 

ahora que en los juegos de mis hijos

encuentro las ocultas sorpresas de mis primeras risas,

y con seguro paso firmemente me adentro

en el sencillo mundo del árbol y las brisas,

 

ahora que en mi pecho tengo

la llaga abierta del amor de los padres,

ahora, mansamente mi corazón se aquieta

en la penumbra cierta del destino

del hombre fluyendo oscuramente,

 

fluyendo leve, muerto, ciego en la alternativa

de relámpago y sombra, de sonrisa y de llanto,

y aprendo que mi alma es la alondra cautiva

que ciegamente quiere liberarse en mi canto.

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© Mario Pardo Segovia

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