Edmund Pollard de Edgar Lee Masters

‘Edmund Pollard’ de Edgar Lee Masters (Spoon River Anthology)

¡Ojalá hubiera metido mi carnal mano
hasta el fondo de las corolas infestadas de abejas,
hasta el fondo del corazón de espejo propio del fuego
de la luz de la vida, sol de los placeres!
¿Para qué sirven si no las anteras, los pétalos
y los rayos del halo?. ¡Remedos, sombras
del corazón de la flor, de la llama central!
Todo es tuyo, joven caminante.
Entra en el salón del banquete con el pensamiento.
No te quedes a un lado dudando
si serás bien recibido. La fiesta es tuya,
no cojas solo un poco, rehusando repetir
con un tímido “No, gracias” cuando estés hambriento.
¿Está viva tu alma? ¡Deja entonces que se alimente!
No dejes atrás balcones a los que puedas trepar,
ni pechos blancos como la leche en los que puedas hallar reposo,
ni cabezas doradas con las que puedas compartir la almohada,
ni copa de vino, si el vino es bueno,
ni éxtasis de cuerpo o de alma…
Has de morir, sin duda, pero hazlo viviendo
en honduras de azul arrebato, en pareja,
besando a la abeja reina, la vida.

 

© Mario Pardo


………………..

Vorrei aver immerso le mie mani di carne
nei fiori del disco gremiti di api,
nello specchiante cuore di fuoco
della luce della vita, il sole della gioia.
A che servono petali o antere
o aureole? Illusioni, ombre
del cuore del fiore, la fiamma centrale!
Tutto è tuo, giovane viandante;
entra nella sala del banchetto con questa certezza:
non avanzare timoroso come se dubitassi
d’essere il benvenuto – è tua la festa!
E non prendere solo un poco, rifiutandone ancora
con un timido “grazie”, quando hai fame.
E’ viva la tua anima? Allora che si nutra!
Non lasciarti alle spalle balconi da scalare;
né bianchi seni di latte su cui riposare;
né teste dorate con cui dividere il guanciale;
né coppe di vino quando il vino è dolce;
né estasi del corpo o dell’anima,
tu morirai, certo, ma morirai vivendo
in profondità di azzurro, rapito nell’amplesso,
baciando l’ape regina, la vita!
………………..

I WOULD I had thrust my hands of flesh
Into the disk-flowers bee-infested,
Into the mirror-like core of fire
Of the light of life, the sun of delight.
For what are anthers worth or petals
Or halo-rays? Mockeries, shadows
Of the heart of the flower, the central flame!
All is yours, young passer-by;
Enter the banquet room with the thought;
Don’t sidle in as if you were doubtful
Whether you’re welcome—the feast is yours!
Nor take but a little, refusing more
With a bashful “Thank you,” when you’re hungry.
Is your soul alive? Then let it feed!
Leave no balconies where you can climb;
Nor milk-white bosoms where you can rest;
Nor golden heads with pillows to share;
Nor wine cups while the wine is sweet;
Nor ecstasies of body or soul,
You will die, no doubt, but die while living
In depths of azure, rapt and mated,
Kissing the queen-bee, Life!

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